Hoy una buena amiga, de esas que encuentras una vez cada diez años, que no olvidas en la vida y que ríe contigo en las alegrías y llora cuando no ha podido ayudarte en el pasado, me dijo que cuando encontrara una parte positiva de nosotros corriera a escribirlo para luego poder recordar que, de nuevo, pesa más lo bueno.
Quizás ayer tuve razón cuando pensé que hoy sería de esos días que realmente te hecho de menos, y es en estos momentos cuando más te odio y más te necesito. Mi vida es una enorme contradicción entre mis pensamientos y mis emociones. Sabes que suelo huir de ti porque tengo miedo a tener que enfrentarme a mis propios defectos, que a veces me hago la orgullosa y te pido más de lo que un ser humano pudiera hacer. Sé que te he fallado...
Tengo fotos en mi cabeza, imágenes sueltas de nosotros dos ¿Sabes? me veo feliz contigo. Una sonrisa sin fingir. Se me olvida que, desde que te conocí, soy otra persona. Me ayudaste cuando más lo necesité en aquel año en que nada salió a derechas y acabé metida en un barreño con flores blancas y canela esperando a que un "mal de ojo" imaginativo desapareciera de nuestras vidas. Me escuchaste y aguantaste una y otra y otra y una vez más con mis rutinarios "voy a suspender" entre lágrimas. Me ayudaste a fabricar un futuro en una casa en la playa y a comprender que en un piso de 90m2 no podía caber un patio interior, una piscina, un estanque con peces naranjas con tortugas de agua salada y una granja en miniatura (y aún así me prometiste que lo ibas a hacer por mí). Me enseñaste que ninguna palabra tiene el significado de lo que siento por tí. Me ayudaste a crear una que nos valiera (habibi). Me secaste las lágrimas cuando te conté el mayor de mis secretos y prometiste fingir que todo iba bien. Soportaste las largas rachas de sequía porque yo tenía muchas cosas en la cabeza. Me convenciste de que tener un sólo hijo era algo triste y que para tener dos era mejor tener tres y que, ya que estábamos tener 3 más uno adoptado sería genial (pero aún no me has convencido). Me ayudaste a planear trescientas veces unas vacaciones hacia el extranjero, en un precioso piso compartido cerca del centro de una ciudad preciosa, para acabar en Valencia. Contigo descubrí que la hipotenusa no sólo se podía usar en un cuaderno. Me hiciste perder la cabeza buscando nombres idóneos para nuestros hijos (Sara, Érika, Irene, Ismael, Daniel, Diego...) Me enseñaste que, para bailar, no se necesita música. Me mostrastes estilos de baile nuevos y "sorprendentes" para mí. Comprendí que lo de "noche romantica en el mar" es un mito. Me ayudaste a diferenciar entre avellana y cacahuete (mentira, aún no sé la diferencia). Me hiciste estudiar de nuveo biología para ver si por algún milagro divino, podríamos tener una niña pelirroja (no, aún con tus cuatro pelos pelirrojos en la barba, lo veo crudo). Descubrí las nueces de macadamia, los pimientos rojos en bocadillo, el curry y el arroz bagmatic. Me prometiste matrimonio en una noche de borrachera nada más empezar a salir y al final, nos "casamos" en pleno alcazar de Sevilla.
Me ayudaste a ser lo que soy hoy.
Te amo. Es una de esas frases estúpidas que las personas tienen miedo a decir. Pero tú y yo sabemos que es tan sólo una palabra absurda. Que el amor no existe, que lo que hay entre tú y yo es más grande que cualquier concepto creado...
Como te dige, sigo viendo mi futuro contigo. Un futuro que no se qué nos aguardará... quizás playa, quizás montaña. Tal vez una mansión, tal vez un piso... Lo único que sé, que sigo viendote con un pokito de barriga congelando ferreros rochés por mi embarazo para mis antojos en agosto, peinando a un husky/samolledo/terranova y paseando a una pequeña bichona maltesa mientras doy de comer a un gato persa, sigo imaginando mis tardes de invierno al lado de una chimenea y soñando con ver los ojos de mi primer hijo, un niño como ambos acordamos, y sentirme feliz por ver que es igual que tú.
Siempre seguiré mirando hacia el futuro, por que sé que mi futuro es aquel donde tú estés conmigo.
Te lo prometo
RINOA
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